CLUB DE COTORRAS

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En su escrito de 1638 Nova Atlantis, el inglés Francis Bacon, uno de los primeros eruditos occidentales en interesarse por el tema, identificaba el entonces recién descubierto continente americano con el país descrito por Platón. Otro sabio, el jesuita alemán Athanasius Kircher, afirmaba 27 años más tarde que se habría tratado de una isla propiamente dicha, situándola, de un tamaño inmenso, entre Europa y América.Ya en siglo XIX, los franceses Brasseur de Bourbourg y Le Plongeon se mostraban convencidos de que algunos habitantes de la Atlántida hubieran conseguido llegar hasta Centroamérica tras el hundimiento de la isla, ejerciendo luego una influencia decisiva sobre las culturas olmeca, tolteca, maya y azteca. Es cierto que los descendientes de los mayas han conservado una tradición acerca de una isla llamada Aztlán, supuestamente la patria original de todas las tribus indígenas centroamericanas, pero investigaciones del fondo marino realizadas en la zona de la dorsal mesoatlántica en los años cincuenta revelaron que ahí no pudo haber desaparecido ninguna isla, ni siquiera hace millones de años.
A partir de 1882 la Atlántida se convirtió en tema de conversación obligado para cualquier tertulia. Tal año, el novelista y erudito norteamericano Ignatius Donnelly publicó Atlantis, obra que conocería más de cincuenta ediciones y que sirvió de punto de partida para numerosas teorías posteriores. Donnelly estudió los enigmas de distintas culturas y elaboró a partir de tan misteriosos ingredientes una hipótesis irresistible: la Atlántida fue un continente entre Europa y América que se sumergió y que incluso llegó a constituir un puente terrestre entre ambos mundos.
Existe una leyenda azteca que habla de la isla Aztlán, "tierra blanca" en lengua náhuatl; un término que proviene de "aztatl", "blanco", y de "tlan(tli)", "lugar de". Esa "tierra blanca", lugar original de los aztecas, se escribiría casi con la grafía "Aztlantli", presentando unas similitudes con la etimología de Atlántico que le pone a uno los pelos de punta.¿Pueden darse entre dos mundos teóricamente desconocidos entre sí esas etimologías tan afines del náhuatl "Aztlantli" y el griego "Atlántida", para referirse a territorios míticos de aztecas y helenos, o entre el griego "theou kalia" y el náhuatl "teocalli", para referirse a lo mismo, o entre el griego "pótamos" y el americano "potomac", para designar a los ríos de una parte y de otra del planeta? Estupor nos producen esas vecindades fonéticas y semánticas de voces griegas y voces náhuatl o de otra familia lingüística americana.

1 comentarios:

leticia dijo...

ummm, me encantan estos temas tan frikis jejej. yo leí en un libro de un historiador español (cuyo nombre no recuerdo, así que muy famoso no sería) que los extremeños procedemos directamente de los antiguos atlantes. lo dedujo a partir de la similitud fonética entre los topónimos de la zona y de otros pueblos supuestamente bajo la influciencia de la atlántida. claro, que se le olvidó comentar que los extremeños somos históricamente un pueblo de conquistadores por haber sido siempre unos muertos de hambre. pero la versión atlante es más poética, así que me quedé con esa y... ahora tengo antepasados atlantes, tomayá!!! jjjajaja

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